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Hace más de 1300 años, en las montañas de Abisinia, hoy Etiopía, en el Nororiente de África, un joven pastor árabe de nombre Kaldi, observó una tarde cómo sus cabras actuaban de una forma extraña, corriendo y dando saltos como locas, luego de comer y saborear arbustos parecidos al laurel atiborrados de frutos rojos.
El pastor, intrigado por lo que ocurría, llevó muestras de hojas y frutos a un monasterio cercano llamado Cheodet, donde los monjes por curiosidad pusieron los granos a cocinar. Al probar la bebida la encontraron de tan mal sabor, que arrojaron a la hoguera lo que quedaba en el recipiente. Pero los granos, a medida que se quemaban, despedían un agradable aroma que fue invadiendo la habitación. Intentaron entonces volver a preparar una bebida con los granos tostados y, fascinados con el resultado, el abad del monasterio le dio el nombre de Kaaba, que en árabe quiere decir "piedra preciosa de color café".
Desde entonces, la costumbre se hizo norma y cada día a la hora del rezo los monjes se tomaban una taza de Kaaba, bebida humeante y perfumada que según ellos había sido enviada por Alá para ayudarles en el cumplimiento de sus deberes. El secreto de la bebida y sus virtudes lo guardaron los árabes durante cerca de 1000 años. Ellos, como comerciantes reconocidos, hicieron de este fruto y de su bebida un motivo de atracción para los viajeros y comerciantes europeos, convirtiéndolo en artículo importante de comercio. Además, para ellos mismos el café se constituyó en elemento estratégico para que durante las noches prepararan sus batallas. La expansión del café como cultivo la iniciaron los holandeses para no tener que depender de los árabes. El primero fue Nicolas Witizen, un comerciante holandés quien, después de muchos intentos, logró obtener unas semillas que llevó a la antigua Batavia (conocida hoy como Yakarta en la República de Indonesia). De esta forma Holanda llegóa a dominar la producción mundial del café.
Se cree que fueron los holandeses quienes, hacia 1714, llevaron las primeras semillas de café a América, más exactamente a la Guyana holandesa, hoy Surinam, y a partir de esas semillas se propagó por diferentes medios a otros lugares del continente americano como Brasil, Centro América, Venezuela y Colombia. |
El arrebato continuó por algunos días y en las noches todo el rebaño parecía haber perdido el sueño. Las cabras se preseguían unas a otras y no dejaban de balar al unísono a la luna.
A medianoche según cuenta la leyenda, el encargado de despertar a los monjes para el rezo, les hizo beber a cada uno unas gotas del maravilloso elixir y por primera vez entre ellos las oraciones no fueron en voz suave y tranquila sino llevadas a coro con gran desparpajo y alegría.
Por un tratado de paz, en 1713, Francia recibió un primer cafeto de Holanda y éste llegó a la corte del Rey Luis XVI, quien encomendó su cultivo al botánico Antonio de Jussieu, en el jardín botánico de París. Años más tarde, los franceses decidieron enviar una mata de café a sus colonias de América (Martinica y Guyana francesa), con el capitán francés Gabriel de Clieu, quien según se ha dicho a lo largo de los años, pasó innumerables aventuras para llevar viva la planta a su destino.